¿Adictos al drama?

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En ciertas circunstancias el ser humano suele buscar situaciones de riesgo o problemas para inyectarle emoción a sus vidas, esto se debe a que muchos casos lo sentimientos se entrelazan entre sí, siendo capaces de sentir conjuntamente tanto sufrimiento como placer. Entonces, ¿somos adictos al drama?

La parte de nuestro cerebro que se ocupa de los estados emocionales, concretamente de los sentimientos e instintos más primitivos, es el sistema límbico. Así sentimientos como la felicidad, la rabia y el miedo tienen su base neurológica en dicha red de neuronas. Por ello los sentimientos están entrelazados entre sí y somos capaces de sentirlos a la vez, como cuando nos quitamos unos zapatos que nos aprieta o llegamos a la meta después de una carrera, sintiendo a la vez dolor y placer.

A parte del sufrimiento, el miedo también nos excita, ya que este responde a la parte del cerebro más básico, a efectos de supervivencia, y por tanto tiene más potencia que la alegría y la  felicidad, como razona Guillermo Fouce, profesor de psicología de la Universidad Carlos III (Madrid). Esto explica la excitación que les produce a algunas personas las películas de miedo o al miedo que te pillen por hacer algo prohibido como una infidelidad o un robo. La culpa de esto la tiene la adrenalina que estimula la liberación de dopamina en el sistema nervioso central, provocando una sensación de bienestar.

Fouce también nos dice que el malestar activa mecanismos similares a los de la felicidad y la alegría; y que “es más fácil encontrar sensaciones en lo negativo que en lo positivo, porque estamos más preparados para responder a lo malo que a lo bueno”, concluye Fouce.

En definitiva, lo placentero y el sufrimiento son dos masas imposibles de separar.