PITITA RIDRUEJO: “El mundo está peor que nunca; estoy asustada”

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Pitita Ridruejo La Revista Sotogrande

Ha compartido desayunos con la Reina Isabel II de Inglaterra, almuerzos con los Maharajás de Jaipur, meriendas con Andy Warhol y cenas con los Condes de Barcelona –sus padrinos de boda-. Pitita Ridruejo nos abre las puertas de su magnífica casa-palacio en el centro de Madrid para dejarnos conocerla un poco mejor.

 

¿Cómo era Pitita en su infancia?

[Sonríe] Nací en Soria, en una finca de mis abuelos. No hubo en el parto ningún médico porque tenía prisa en venir al mundo. Gracias a Dios salió todo bien. Mis padres fueron siempre muy cercanos y cariñosos, aunque mi padre fue, a la vez, una persona seria.

[Prosigue] Fui la mayor de tres hermanos, la única niña. Estudié en el colegio de la Asunción, era una alumna aplicada y recuerdo a las monjas con muchísimo cariño. Solo puedo decirte que fui una niña feliz y que que conservo recuerdos maravillosos de mi niñez.

¿Y en su juventud?

Bueno, quise estudiar carrera, más concretamente filosofía y letras, pero mi padre se negó, ¡decía que en la universidad había chicos! Siempre he tenido esa espinita clavada, me hubiera encantado. [Se esfuerza en sonreír]

[Cambia de tema] También iba a fiestecitas y guateques con mis amigas y lo pasaba estupendamente bien.

Desde entonces, con la perspectiva que da el tiempo, ¿en qué ha cambiado el mundo?

[Se incorpora en el sillón] ¡uhi el mundo!, el mundo está peor que nunca. Estoy asustada, creo que tiene que ocurrir algo porque la situación es insostenible.

Esta maravillosa casa contiene muchos recuerdos de viajes exóticos, usted tiene una belleza muy oriental, hablando de exotismos, ¿quién es Mike Stilianopoulos?

[Ríe] Pues es mi marido. Una amiga mía me había hablado de un chico filipino recién llegado a Madrid, me dijo que era encantador y que daba una fiesta. La acompañé y así nos conocimos. Nos caímos muy bien y comenzamos una amistad que acabó en boda.

Mike es una persona muy inteligente, políglota y con muchas habilidades para relacionarse, como ha demostrado.

¿Cómo ha sido su matrimonio?

Nos casamos en Madrid y a nuestra boda vino toda la familia de Mike. Recién casados nos fuimos a vivir a Filipinas, que como todo el mundo sabe hace un calor horrible, y más para mi, que soy de Soria. [Risas] Aquellos años fueron maravillosos y los filipinos son encantadores.

Más tarde estuvimos algún tiempo en España hasta que a Mike le ofrecieron un empleo como bróker de bolsa en Roma, y allí vivimos por seis años, hasta que el presidente de Filipinas ofreció a Mike ser embajador de Filipinas…

[Interrumpo] ¿Y cómo recuerda esta etapa de su vida?

[Se le ilumina la cara] A mi me hizo mucha ilusión que nos hicieran embajadores porque te ofrecen una vida maravillosa, y quien diga que ser embajador es una lata, miente. Vayas a donde vayas te tratan estupendamente bien, tienes la oportunidad de conocer a gente interesantísima y además es un honor representar al presidente de un país en otro Estado.

Estando en Roma, el presidente de Filipinas ofreció a Mike ser embajador de su país. Supongo que además de su formación, que Mike hablara muchos idiomas debió ser decisivo para que pensara en él para el cargo.

Tras ofrecernos varias embajadas, elegimos España y aquí estuvimos como embajadores seis o siete años. Al mismo tiempo le dieron a Mike las embajadas de Noruega, Suecia y Dinamarca. El pobre tenía muchísimo trabajo. Luego nos instalamos en Londres también como embajadores. Esta etapa acabó en el 83, cuando nos instalamos definitivamente en Madrid.

¿Volvería hoy a ser “embajadora”?

[No duda en responder] En la vida “de embajada” hay que hipotecar ciertas cosas. Hoy no estaría dispuesta a pagar ese precio. No me puedo separar de mis seis nietas, son ángeles. [Suspira y sonríe]

A lo largo de su vida ha conocido a numerosos personajes históricos como por ejemplo a Isabel II de Inglaterra, a su marido el duque de Edimburgo, a Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta, Francisco Franco, Federico Fellini, e incluso a Andy Warhol. ¿Me he dejado a alguno?    

[Ríe] Puede que alguno, pero están los más importantes. [Hace una pausa y prosigue] De todas maneras, me da vergüenza, porque esto es como “echarme flores”.

¿Por dónde empezamos?

[No lo duda] Por la Madre Teresa de Calcuta. Fue un honor conocerla y charlar con ella. De todas las personas que he conocido en mi vida es la que más huella me ha dejado. [Se calla y mira al infinito]

¿Andy Warhol?

[Vuelve a sonreír] Lo conocí en Nueva York, en Estudio 54, teníamos amigos en común, y en una cena tuve la oportunidad de hablar con él y de comentarle que yo también pintaba. Conectamos mucho y quedamos en que le enseñaría mis cuadros cuando visitara España.

Un tiempo más tarde, el director de la revista Tiempo, me comentó que venía Andy a Madrid pero que había dicho que no concedería entrevistas. Cuando le dije que lo conocía me encomendó la misión de entrevistarle. Yo aproveché que una amiga mía había quedado con él para comer y me sumé al almuerzo. Se acordó de mí y se sorprendió al verme, me dijo que qué hacía yo allí, a lo que tuve que responder que ahora era periodista y que quería entrevistarle. [Ríe a carcajadas]

Quedamos al día siguiente en su hotel, el Villamagna, y allí, sentados en el suelo de su suite lo entrevisté. Fue la entrevista más surrealista que te puedas imaginar. Me dijo, por ejemplo, que él lo que verdaderamente quería era ser modelo de pasarela, que llevaba la peluca de color blanco para que le respetaran y que yo debía ponerme el pelo rojo para sacarme más partido, pero eso ya es otro tema.

¿Y qué pasó con Fellini?

[Se incorpora como para coger impulso] Bueno, por culpa de Fellini casi tengo un disgusto con mi familia. No me dejaron dedicarme al cine.

Verás, todo fue porque un día fui con una amiga a Cinechittà a ver una película que estaban grabando. Allí conocí a Fellini y me dijo que quería volver a verme, que regresara al día siguiente. Yo pensé que no lo decía de verdad y no fui, pero recibí una llamada de un ayudante suyo diciéndome que Fellini estaba esperándome y me advirtió que estaba enfadado. Entonces fui lo más rápido posible hacia allí y después de pasar por maquillaje, peluquería y vestuario me llevaron donde estaba él. Me pidió que interpretara a una mujer muy enfadada, que gritara y rompiera cosas. El resultado debió ser bueno porque me dijo “es usted más Brava que María Callas”, que ya es decir.

Conservo un traje precioso que me regaló y que había recibido un Óscar al mejor vestuario. Era de la película Romeo y Julieta. Aún lo conservo.

¿Cómo es estar de fin de semana con la reina de Inglaterra?

[Ríe] Bueno, a la reina Isabel II Mike y yo la habíamos conocido antes de estar como embajadores de Filipinas en Inglaterra, cuando estuvimos invitados por la Maharaní de Jaipur y su esposo el maharajá, en su casa de Ascot. Un día nos advirtieron que la reina, su esposo y su hijo Carlos irían a merendar a la casa de los Jaipur y fue allí donde les conocimos.

Tanto la reina como toda su familia fueron encantadores y nos caímos muy bien, prueba de ello es que nos invitaron a su palco para ver las carreras de caballos.

Más tarde, cuando nos presentamos en el palacio de Kensington como nuevos embajadores de Filipinas en Inglaterra comprobamos que se acordaba de nosotros y desde entonces hicimos más amistad. Nos invitaba a todo, e incluso, como muy bien dices, pasamos un fin de semana largo, de cuatro o cinco días con ellos en Windsor. Éramos sus únicos invitados, menos en una cena a la que la reina tuvo el detalle de invitar al ministro de educación para que me ayudara en la elección del colegio de mis hijos.

Es indudable que es usted elegantísima, pero ¿qué es para usted la elegancia?, ¿cuál es su secreto?

Te agradezco mucho que me digas esto, pero no sé si estoy preparada para responderte.

[Hace una pausa y prosigue] La elegancia es caer bien a la gente, que te quieran, tener calidad y calidez, ser bondadoso. Está en el interior de las personas, no tiene nada que ver con el aspecto físico o la ropa que vistas.

¿Qué supone la fe en su vida?

Tiene una importancia enorme, lo es todo. He escrito once libros sobre la virgen María, doy conferencias por toda España…

[Se pone seria] Pienso que las guerras espantosas que estamos sufriendo en el mundo entero dejarían de existir si obedeciéramos los 10 mandamientos del Señor y quisiéramos al prójimo como a nosotros mismos. No existirían las guerras ni se practicarían abortos si quisiéramos de verdad a la gente.

Me da muchísima pena que la gente no tenga fe, porque hay milagros, y lo sé porque llevo estudiándolos desde el año 84.

¿Qué le inspira Sotogrande?

He veraneado muchos años en Marbella, cuando era un pueblecito de pescadores. A mi Sotogrande me ha gustado siempre muchísimo, y ahora que tengo a una hija mía y a muchos buenos amigos viviendo allí, Mike y yo vamos bastante y estamos felicísimos.

Muchas gracias por todo, Pitita.

Gracias a vosotros, lo he pasado muy bien.

Fotos: Araceli Villar.